El mundo está lleno de dinero. Si se suman los bienes inmuebles, acciones y otros activos en manos de hogares, empresas, gobiernos e instituciones financieras, la cifra alcanza los billones.
Entonces, ¿por qué ha sido tan difícil alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?
Respuesta: porque demasiado dinero está fluyendo hacia los lugares equivocados.
Una de las causas es la desigualdad extrema. Según un informe de Oxfam, desde 2020, alrededor de 42 billones de dólares —dos tercios de la nueva riqueza creada— fueron a parar al 1 % más rico de la población. Esto ocurrió mientras aumentaban los índices de pobreza y hambre, y aproximadamente 1.700 millones de trabajadores vivían en países donde la inflación superaba los salarios.
Otro problema: nuestro futuro común depende de que todo el dinero eventualmente se alinee con el desarrollo sostenible que beneficie a las personas y al planeta. La mayor parte del financiamiento actual no cumple con este criterio. Las carencias surgen cada vez que un inversionista financia una mina de carbón en lugar de un parque eólico. O cuando un gobierno paga por la educación pero descuida la calidad de la enseñanza en las comunidades más pobres. O cuando las personas gastan en exceso en artículos desechables como ropa y electrónicos.

