En un discurso con tono de despedida, António Guterres ha reivindicado un multilateralismo capaz de impedir que prevalezca la ley del más fuerte. Con motivo del doctorado honoris causa que le ha concedido la Universidad de Salamanca, el secretario general de la ONU ha defendido el derecho internacional, la paz, los derechos humanos y la necesidad de una gobernanza global adaptada a los desafíos del siglo XXI.
La Universidad de Salamanca acogió este viernes la ceremonia de investidura como doctor honoris causa del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien convirtió su intervención en una firme defensa del multilateralismo y del legado intelectual de Francisco de Vitoria, uno de los grandes referentes de la Escuela de Salamanca.
Cinco grandes desafíos
La paz y el respeto al derecho internacional. El secretario general alertó sobre el deterioro del sistema internacional y la normalización del uso ilegal .«La población civil es la primera víctima: niños bajo los escombros, familias en fuga, hospitales en ruinas», ha señalado. Ucrania, Sudán, la República Democrática del Congo, el Sahel o Oriente Medio, donde los civiles continúan siendo la principal víctima de las guerras.
Frente a esta situación, ha defendido la aplicación de la Carta de Naciones Unidas sin excepciones ni dobles raseros. «La paz es eso: el poder sometido al derecho».
La dignidad y los derechos humanos. Guterres denunció el retroceso de las libertades fundamentales, la persecución de periodistas y defensores de derechos humanos y el aumento de los discursos de odio y la desinformación.
Asimismo, expresó su preocupación por el antisemitismo, la islamofobia y la persecución de cristianos y otras minorías religiosas. Defendió los derechos de las personas refugiadas y migrantes, así como la necesidad de garantizar vías de migración seguras.
Guterres ha dedicado asimismo una parte de su intervención a la igualdad entre mujeres y hombres. Ha advertido de que la violencia sexual continúa utilizándose como arma de guerra y de que millones de mujeres siguen excluidas de la educación, el trabajo y la vida pública. «No habrá paz duradera ni prosperidad compartida sin los derechos y la plena participación de las mujeres», aseguró.
La equidad económica y financiera. El máximo responsable de Naciones Unidas denunció las profundas desigualdades internacionales y el peso de la deuda sobre numerosos países en desarrollo, que destinan más recursos a sus acreedores que a servicios esenciales como la sanidad y la educación.
En este contexto, reivindicó el Compromiso de Sevilla y pidió acelerar el alivio de la deuda, reforzar los bancos multilaterales de desarrollo y reformar la arquitectura financiera internacional para garantizar una mayor representación de los países en desarrollo.
La justicia climática. «Cada tonelada de dióxido de carbono que emitimos hoy la pagarán nuestros nietos» advirtió Guterres quien calificó la crisis climática como una doble injusticia: afecta especialmente a los países que menos han contribuido a provocarla y traslada sus consecuencias a las generaciones futuras.
Aunque reconoció que superar temporalmente el límite de calentamiento de 1,5 °C parece ya inevitable, insistió en que todavía es posible limitar la magnitud y duración de ese rebasamiento.
Para ello, reclamó reducir las emisiones, recortar el metano, detener la deforestación y establecer calendarios creíbles para abandonar los combustibles fósiles. También pidió triplicar la financiación destinada a la adaptación y reforzar los mecanismos de respuesta a las pérdidas y los daños.
Inteligencia artificial. «El verdadero peligro es la falta de reglas, de transparencia y de rendición de cuentas», señaló. El quinto desafío abordado ha sido la gobernanza de las nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial. Guterres ha advertido de que el poder se concentra cada vez más en los datos, la capacidad de computación y los algoritmos, en manos de un reducido número de empresas y países.
Por ello, ha defendido una gobernanza internacional que permita establecer normas comunes, garantizar una supervisión independiente y asegurar que los países en desarrollo también puedan beneficiarse de los avances tecnológicos. Asimismo, ha reclamado proteger a los menores frente a las plataformas digitales y establecer límites claros al desarrollo de armamento autónomo.
«Ninguna máquina debe decidir jamás sobre la vida o la muerte de un ser humano», ha afirmado. «Las armas autónomas letales sin control humano deben prohibirse».
Una despedida con el legado de Salamanca
La ceremonia tuvo también un significado especial por la proximidad del final del mandato de António Guterres, que concluirá dentro de menos de dos meses. Tras veinte años de servicio a Naciones Unidas, primero en ACNUR y posteriormente como secretario general, Guterres recordó a las personas afectadas por los conflictos, los desplazamientos y las crisis humanitarias, así como a los trabajadores de la organización que las acompañan.
«Los mandatos pasan. La lucha por la paz, la dignidad y la justicia continúa», se despidió así rememorando a
fray Luis de León.
Francisco de Vitoria y el origen de una comunidad internacional
«El mundo entero –el totus orbis– forma, en cierto modo, una sola comunidad, unida por un derecho común a todos los pueblos», ha señalado al recuperar uno de los principios fundamentales del pensamiento de Francisco de Vitoria.
Sus ideas, ha explicado, trascendieron las fronteras y los siglos, influyendo en pensadores como Francisco Suárez y Hugo Grocio, y contribuyendo a la evolución de los principios que posteriormente inspirarían la Carta de Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos.
El secretario general también ha reconocido las contradicciones históricas de Vitoria, pero ha reivindicado la vigencia de su principal legado: la subordinación del poder al derecho y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas.
